Martes, 30 de octubre de 2007



La exposici?n a los cannabinoides durante la adolescencia puede alterar la funci?n cerebral y favorecer el consumo de otras drogas, como la coca?na, especialmente entre las mujeres. As? lo sugiere un trabajo realizado con modelo murino, premiado por la Agencia Antidroga de Madrid.

S. Moreno30/10/2007

Seg?n la teor?a de la puerta de entrada de las drogas, el consumo de c?nnabis durante la adolescencia favorece la adicci?n posterior a otras sustancias; los factores psicosociales que rodean el consumo de las drogas son los que explican esta relaci?n, aunque tambi?n parecen influir factores biol?gicos, seg?n desvelan recientes investigaciones.

El grupo de Emilio Ambrosio, catedr?tico de Psicobiolog?a de la Universidad Nacional de Educaci?n a Distancia (UNED), en Madrid, ha publicado un trabajo donde con un modelo murino se apuntan los cambios cerebrales que los cannabinoides ejercen durante la adolescencia y c?mo estas alteraciones pueden facilitar el consumo ulterior de otras drogas, en concreto de coca?na. Esta l?nea de investigaci?n ha contado con el apoyo de la Agencia Antidroga de la Comunidad de Madrid, a trav?s de sus premios de investigaci?n anuales, y los resultados se han publicado en Neuropsycho- pharmacology.

La investigaci?n se ha realizado sobre ratas, que recibieron un cannabinoide sint?tico entre los 28 y los 38 d?as posnatales, un periodo que emula en cuanto al desarrollo del sistema nervioso central el de la adolescencia humana. Una vez alcanzado el estado adulto (cien d?as), los animales entraron en un procedimiento diario por el que se les permit?a la autoadministraci?n de coca?na.

Los investigadores compararon el efecto del tratamiento puberal con cannabinoide en las ratas con otro grupo control que no hab?a sido tratado con el cannabinoide.

"Observamos que las ratas tratadas con el agonista del c?nnabis presentaban modificaciones a nivel neuronal (ver apoyo) que se manifestaban en el cerebro adulto. Adem?s, uno de los resultados m?s llamativos fue que las ratas hembras tratadas con el cannabinoide se administraban coca?na con m?s frecuencia que los machos tratados, lo que sugiere un efecto de la droga diferente seg?n el sexo", explica Ambrosio. A pesar de que a?n no se han aportado pruebas cient?ficas para la explicaci?n de estas diferencias entre los sexos, todo apunta a que detr?s est?n las hormonas.

Una base s?lida
Aunque la investigaci?n se ha realizado en modelos murinos, Emilio Ambrosio considera que constituye una base s?lida para el estudio de la adicci?n en el ser humano. "El comportamiento de las ratas ante las drogas es extrapolable al humano: las sustancias que les crean adicci?n son las mismas (c?nnabis, coca?na, ?xtasis), as? como las ?reas del sistema nervioso central implicadas en los mecanismos de recompensa, y el patr?n de consumo es parecido, pues tambi?n hay individuos m?s susceptibles que otros a adquirir la dependencia".

El c?nnabis constituye la tercera droga m?s consumida, detr?s del alcohol y el tabaco, y la primera ilegal: un 42 por ciento de la poblaci?n espa?ola sugiere que lo ha probado alguna vez en su vida.

'(Neuropsychophar 2007; doi: 10.1038/sj.npp. 1301467)'.

Visualizando las alteraciones con ayuda de la PET
El trabajo ha contado con la colaboraci?n de los investigadores Mar?a Luisa Soto-Montenegro y Manuel Desco, del Laboratorio de Imagen M?dica de la Unidad de Medicina y Cirug?a Experimental del Hospital Gregorio Mara??n, de Madrid, que hicieron posible la visualizaci?n de los cambios cerebrales de las ratas por medio de una tomograf?a por emisi?n de positrones (PET) adaptada al modelo de investigaci?n. Comparados con los controles, los animales tratados con el cannabinoide mostraron alteraciones en sus cerebros adultos; en concreto, una menor actividad neuronal en la am?gdala, y lo contrario en las zona de la corteza prefrontal e insular.

La primera de estas ?reas cerebrales est? implicada tambi?n en el control afectivo y en las psicopatolog?as de tipo afectivo, como la depresi?n; las otras dos ?reas de la corteza se han relacionado con la toma de decisiones.

Diario m?dico



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S?bado, 20 de octubre de 2007


Uganda es el ?nico pa?s de Africa que ha combatido exitosamente el SIDA. Ning?n otro pa?s ha experimentado un descenso comparable en el n?mero de infectados.

No es un secreto para nadie que el Bajo Sahara Africano es v?ctima de una extendida epidemia del SIDA. De acuerdo a las estad?sticas publicadas en el 2006 por la UNAIDS (Programas de Naciones Unidas en HIV/SIDA), un estimado de 24.5 millones de personas en esa regi?n eran sero positivos a finales del 2005, con 2.7 millones de personas contrayendo el virus solamente en ese a?o.

Desesperados por detener la propagaci?n de esta enfermedad, que va en camino a convertirse en la plaga m?s destructiva de todos los tiempos, los pa?ses de ?frica golpeados por el SIDA han volteado los ojos hacia Occidente. Sin embargo la asistencia que han recibido parece haber sido m?s da?ina que buena.

Las agencias de ayuda de occidente dominadas por una mentalidad secular han bombardeado el continente con programas liberales de educaci?n sexual y condones. A la fecha y de acuerdo a las estad?sticas publicados por UNAIDS (disponible haciendo clic aqu?), los ?ndices de infecciones de HIV en ?frica contin?an aumentando, lo que sugiere que dichos programas, en vez de frenar la propagaci?n de la enfermedad, realmente est?n contribuyendo a transmitirla alentando un comportamiento riesgoso.

Solo un pa?s Africano, Uganda, ha combatido exitosamente el SIDA. El ?ndice de VIH prevalente ha bajado dr?sticamente en los ?ltimos a?os. En 1992 m?s del 18% de la poblaci?n adulta sometida a an?lisis result? positiva en la prueba del virus del SIDA. Para finales del 2005, s?lo el 6.7% result? positiva. Ning?n otro pa?s ha experimentado un descenso comparable al de este pa?s.

?C?mo fue que se consigui? esta extraordinaria respuesta en tan poco tiempo? Las organizaciones de occidente que brindan ayuda, ansiosos por justificar sus programas (y sus descubrimientos), falsamente atribuyen este descenso a la educaci?n sexual y al uso del cond?n. Sin embargo, los mismos ugandeses cuentan una historia mucho m?s sencilla. Una historia que puede ser resumida en una sola palabra: abstinencia.

El h?roe an?nimo de la victoria de Uganda sobre el SIDA es una monja cat?lica llamada Hermana Miriam Duggan, M.D. A los inicios de la lucha contra esta mortal enfermedad la Hermana Miriam desarroll? un programa llamado ?Educaci?n para la Vida?, un programa que alienta a las personas a vivir la abstinencia sexual antes del matrimonio y la fidelidad dentro de ?l. Educando a las personas acerca de los peligros de la promiscuidad sexual y sus mortales consecuencias, ?Educaci?n para la Vida? ha ayudado a cambiar la mentalidad de la gente de Uganda. La Hermana Miriam Duggan y sus colaboradores insisten en que este programa, junto con la buena disposici?n del gobierno para aceptar la educaci?n de la abstinencia, es lo que ha ayudado a reducir la epidemia del SIDA en Uganda.

?Pienso que en la actualidad debe ser muy confuso para los j?venes responder a la pregunta ??qu? camino deber?a tomar??? dice Thandi Hadebe, un educador en la abstinencia del programa Educaci?n para la Vida. ?Y es aqu? donde pienso que fallamos con nuestros j?venes; porque damos mucha informaci?n contradictoria?. Hadebe culpa de la epidemia del SIDA a la promoci?n indiscriminada del cond?n y a los diversos mensajes de ?sexo seguro? que env?an los educadores.

Educaci?n para la Vida ensaya una aproximaci?n diferente. ?enfatizamos el aspecto de la libertad como parte de ellos, y que pueden usarla para protegerse? dice Fr. Andrew Shjngange, otro educador con el programa.

Un nuevo y brillante documental llamado ?El Cambio ya Empez?? celebra esta victoria de la vida y el sentido com?n. Desarrollado por el Obispo Hugo Slattery de la Di?cesis de Tzaneen en Sud?frica, este documental cuenta la historia de la Hermana Miriam y explica c?mo funciona en la pr?ctica el programa ?Educaci?n para la Vida?.

En Sembrando con L?grimas, el sustento documentario de la hermana para el citado documental ?El Cambio ya Empez?? , el Obispo Slattery describe el trabajo de organizaciones basadas en la fe que tratan con las consecuencias sociales del VIH/SIDA. Como es l?gico, es la gente de fe la que es heroicamente solidaria con los infectados en sus hogares, y el personal de los orfanatos llenos de hu?rfanos y ni?os llorando. (Estos excelentes documentales fueron producidos por Metanoia Media, y pueden ser ordenados v?a Internet en CatholicStudio.com ).

Pocos conocen mejor que el Obispo Slattery los problemas de la epidemia del VIH/SIDA. El ?ndice de adultos con VIH en Sud?frica era del 18.8% al final del 2005, o cerca de lo que hubo en Uganda hace 15 a?os. El programa ?Educaci?n para la Vida? ha sido introducido en su di?cesis y se extendi? a lo largo de toda Sud?frica.

El asombros ?xito de Uganda en combatir la propagaci?n del SIDA puede ser atribuido a este revolucionaria proximaci?n al problema: a trav?s de la promoci?n de la abstinencia sexual antes del matrimonio y la fidelidad dentro de ?l.
?(SIDA) es una amenaza para toda la civilizaci?n, es una amenaza para nuestro futuro, es un asunto que nos mueve a preguntarnos ??habr? nuevas generaciones por aqu? en el futuro??? dice el Obispo Slattery. ?Suena pesimista visto de esa forma, pero en realidad, el problema es muy grave, si ves las estad?sticas?

?Se hace cada vez m?s evidente d?a a d?a que la obsesi?n del mundo occidental en la promoci?n del cond?n est? estorbando severamente los esfuerzos de los pa?ses africanos para manejar efectivamente el VIH/SIDA?, dice el Obispo Slattery. ?El ?nico pa?s que muestra un progreso real combatiendo contra esta enfermedad es Uganda? a trav?s de la promoci?n de la abstinencia antes del matrimonio y la fidelidad dentro del matrimonio. El mundo occidental se reh?sa a aceptar y destacar este tremendo logro. Por el contrario, est?n haciendo todo lo posible por arruinarlo usando todo medio disponible para promover el cond?n en este pa?s, contra el deseo de los l?deres de gobierno.

?Habr? alguien en USAID que est? al tanto de todo ?sto?
Colin Mason es el Director para la Producci?n de Comunicaciones del PRI



http://www.lapop.org/content/view/165/24/



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Jueves, 11 de octubre de 2007



Firmado por Jokin de Irala Miguel ?ngel Mart?nez
Fecha: 10 Octubre 2007

Para acometer acciones de salud p?blica que sean realmente efectivas, es muy ilustrativo volver la vista a la historia de las estrategias que se han ido desarrollando frente al tabaco. Es una larga historia de m?s de 40 a?os plagada de fracasos. El enemigo de la salud p?blica era una fuerte industria tabacalera que quer?a proteger celosamente sus ganancias. Durante 40 a?os la industria del tabaco ganaba y la salud p?blica perd?a. S?lo cuando se adopt? una estrategia de riesgo cero, sin limitarse a la reducci?n de da?os, es cuando se empezaron a contabilizar logros importantes.

marihuanaEste precedente es un buen argumento para que las acciones de salud p?blica no se centren en el preservativo (reducci?n del da?o), sino en la promoci?n de la castidad (abstinencia en los j?venes, monogamia estable en las parejas) que son las estrategias de riesgo cero.

Del mismo modo, la actitud parcialmente transigente con un comportamiento insano que se mantuvo durante d?cadas respecto a las drogas se ha visto a la larga que s?lo cosechaba frutos amargos. As?, la salud p?blica parec?a estar preocupada s?lo por reducir el da?o pero no en eliminarlo, y hac?a frente s?lo a la droga dura (sobre todo hero?na inyectada), mientras era tolerante con las mal llamadas ?drogas blandas? (marihuana, hach?s, anfetaminas, drogas de s?ntesis). Hoy d?a hay acuerdo universal en la comunidad cient?fica en que la marihuana y el hach?s producen un grave da?o psicol?gico, son factores causales de psicosis. Lamentablemente Espa?a est? a la cabeza de Europa en su consumo y cunde la alarma por el galopante aumento de casos de psicosis asociados a cannabis. Son ejemplos para escarmentar.

Es contradictorio que un programa de prevenci?n lance a los j?venes por una parte el mensaje de que vivan la abstinencia del sexo pero a la vez les est? hablando de c?mo protegerse cuando tienen sexo. Muchas veces se invierten los t?rminos y se da por hecha la derrota del primer mensaje (abstinencia) para centrarse abundantemente en el segundo. Est? claro que est? actitud ambigua y conformista, que s?lo pretende reducir el da?o pero no eliminarlo, no tiene lugar en la prevenci?n del tabaquismo o del uso de drogas. ?Por qu? se tolera en cambio en los problemas relacionados con la sexualidad precoz o promiscua?

Hay estrategias de reducci?n de da?o (fomento o reparto de preservativos) que insisten en seguir llam?ndose programas de sexo ?seguro? (safe sex). Esto no es cierto. Se entiende que es seguro aquello que no tiene riesgos. En todo caso, podr?an llamarse estrategias de sexo ?m?s seguro? (safer sex), pues s?lo reducen el riesgo, pero no lo eliminan.

Un motivo hist?ricamente importante del fracaso de la salud p?blica en su lucha frente al tabaco fue dejarse seducir por varios espejismos. El m?s peligroso fue precisamente la creencia de que los ?safer cigarettes? (cigarrillos m?s seguros) iban a lograr una reducci?n del da?o. Resulta instructivo comprobar el paralelismo que tiene este error con el que se est? cometiendo ahora respecto a las infecciones de transmisi?n sexual, los embarazos imprevistos y los abortos en adolescentes.

Al igual que se incurri? entonces (a?os 70 y 80) en el lamentable espejismo de pensar que un cigarrillo m?s seguro contentar?a a la poderosa industria del tabaco y evitar?a a la vez el da?o sanitario, ahora se postula el sexo m?s seguro que resultar?a complaciente frente a la industria del sexo y aparentemente favorecer?a a la salud p?blica.

Va pasando el tiempo y se va apreciando que este planteamiento conformista de la reducci?n de da?o resulta contraproducente. Se observan situaciones absurdas. Por ejemplo, se est? dando el mismo mensaje (sexo m?s seguro, uso de condones) a una persona que comercia con el sexo que a un chico de 12 a?os. Pero las tasas de infecciones de transmisi?n sexual siguen creciendo cada a?o en Espa?a, lo mismo que los embarazos imprevistos y el n?mero de abortos.
http://www.aceprensa.com/articulos/2007/oct/10/el-ejemplo-del-tabaco-y-la-marihuana/


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Mejor evitar que reducir riesgos


Muchas veces los adolescentes reciben mensajes contradictorios en la educaci?n sobre el sexo: primero se les dice que es mejor no tener relaciones sexuales y luego todo se centra en explicarles c?mo protegerse si lo hacen. Algunos estudios recientes parecen demostrar que la educaci?n basada solo en la abstinencia no funciona. Pero, igual que en las campa?as contra el tabaco o la violencia de g?nero, esto solo significa que hay que hacerlo mejor, no abandonar los esfuerzos.

Firmado por Jokin de Irala
Fecha: 11 Octubre 2007
Los adolescentes pueden vivir peligrosamente, y, en la actualidad, la sociedad les brinda muchas oportunidades para hacerlo. Como consecuencia, nos encontramos ante una ola de borracheras juveniles, enfermedades mentales inducidas por drogas, e infecciones de transmisi?n sexual, por mencionar solamente tres de los excesos a los que los j?venes pueden verse involucrados.

El gobierno est? intensificando sus esfuerzos para educar a los j?venes en lo referente a los da?os derivados del consumo de alcohol y de coca?na. Dado que, cuanto m?s joven se empieza con el abuso de substancias, mayor es el da?o, la mejor elecci?n para los adolescentes es, claramente, no ingerir alcohol ni fumar ni consumir ning?n otro tipo de drogas.

Pero ?qu? sucede con el sexo? ?Es la abstinencia la mejor elecci?n para los adolescentes, y deber?amos hacer todo lo posible por persuadirles de que se abstengan de la experimentaci?n sexual? ?O es una meta inalcanzable para la mayor?a de los j?venes, basada en ideales sobre el amor y el sexo que son simplemente un residuo de ?pocas pasadas? ?Hacemos todo lo posible cuando decimos que ?est? bien no mantener relaciones sexuales?, y, luego, nos pasamos el d?a explicando a los chavales c?mo protegerse si lo hacen?

Dos modos de enfocar la educaci?n

Estas cuestiones reflejan dos modos de enfocar la educaci?n de los m?s j?venes sobre el sexo que, actualmente, parecen estar en conflicto frontal, sobre todo en Estados Unidos, donde el futuro de la financiaci?n gubernamental para los programas de ?s?lo abstinencia? pende de un hilo.

educacionComo consecuencia, las conclusiones de las investigaciones del entorno, muy politizadas, pueden ser cr?ticas. Dos estudios publicados recientemente sobre el programa de ?s?lo abstinencia? en Estados Unidos han dado lugar a una serie de titulares que manifiestan que ?la educaci?n en la abstinencia no funciona?. El m?s reciente de los dos1, publicado en la influyente revista British Medical Journal, es el realizado por un grupo de investigadores de la Universidad de Oxford, que revisaron 13 estudios cient?ficos en los que se valoraban los programas de abstinencia. Estos investigadores llegaron a la conclusi?n de que dichos programas ?no eran eficaces?2.

Los educadores en la abstinencia no deber?an desanimarse ante tales resultados. Lo que Kristen Underhill y sus colegas hicieron fue buscar estudios que tratasen sobre el tema de la prevenci?n de la infecci?n por VIH ?el punto fundamental en la educaci?n sexual?, y que estuvieran, m?s o menos, bien dise?ados. Sin embargo, dichos estudios constitu?an una mezcla muy heterog?nea, y, aunque los investigadores realizaron un gran trabajo de s?ntesis del material examinado, sus conclusiones pasaron por alto problemas metodol?gicos muy serios3.

Por ejemplo, ?c?mo comparar programas que oscilan en duraci?n entre 1 sesi?n y 720 sesiones, o evaluar resultados de forma fiable cuando hay tasas de abandono del 5 al 45%? Dados estos problemas, el n?mero total de j?venes con los que se llevaron a cabo los estudios revisados ?15.940? no tiene especial relevancia, aunque se haga referencia a dicho n?mero para dotar de m?s autoridad al an?lisis.

?Eficaces o no?

A pesar de estas deficiencias, sin embargo, los cient?ficos de Oxford afirman rotundamente que ?la evidencia del an?lisis sugiere que los programas de ?s?lo abstinencia? que intentan prevenir la infecci?n por VIH no son eficaces?. Y esta afirmaci?n es corroborada por una editorial amiga4 en el BMJ que, con relaci?n a los 13 estudios examinados, considera que son ?notablemente consistentes? cuando sugieren que los programas de ?s?lo abstinencia? no aumentaron ni la abstinencia sexual primaria ni la secundaria.

Incluso, los editorialistas van m?s all?, diciendo que: ?En contraste con los programas de ?s?lo abstinencia?, aqu?llos otros que promueven el uso de condones reducen enormemente el riesgo de contraer el VIH?. Y, para apoyar dicha afirmaci?n, citan tres art?culos, dos de los cuales datan de finales de los 90. El editorial termina argumentando que el dinero no deber?a ser gastado en programas de ?solo abstinencia?, sino m?s bien en programas que promuevan el uso del cond?n.

Desconozco bajo qu? criterios se excluyeron otros trabajos que mostraban lo contrario, antes de realizar estas afirmaciones. Por ejemplo, los resultados de un ensayo que se realiz? en Uganda se?alaban un aumento en las conductas de riesgo para el VIH en el grupo de intervenci?n, donde se promov?a el uso y el suministro del cond?n5. Y DiCenso y colaboradores6 llevaron a cabo un meta-an?lisis, en el que se reflejaba que diversos programas, incluidos algunos de centros de planificaci?n familiar, no resultaban muy eficaces ni a la hora de mejorar el uso de los anticonceptivos, ni de posponer el comienzo de relaciones sexuales, ni de evitar los embarazos imprevistos. Pero, entonces, nadie solicit? que se eliminase la financiaci?n de los centros de planificaci?n familiar.

A la luz de los problemas con los que se top? el equipo de Oxford, quiz?s habr?a sido m?s prudente decir que no hab?a evidencia de que los 13 programas concretos de ?s?lo abstinencia? que ellos revisaron hubiesen dado mejores resultados que las alternativas evaluadas. Esto no significa que ?la promoci?n de la abstinencia no funciona?, que es lo que algunos medios est?n intentando transmitir a la gente.

Mensajes contradictorios

En cualquier caso, la verdadera cuesti?n no es si esos programas son eficaces o no. Lo que realmente importa es saber si nos estamos planteando las preguntas correctas con relaci?n a estos programas. ?Cree alguien, realmente, que es posible cambiar cualquier conducta humana con una docena de clases en la escuela si los padres, en casa, los programas de la televisi?n, las pel?culas, las revistas para j?venes, las autoridades sanitarias y educativas, y la sociedad en general, transmiten el mensaje contrario?7

Pensemos en la llamada violencia de g?nero, el sexismo, la discriminaci?n, el fracaso escolar, la falta de ejercicio, la comida basura, el problema de la bebida y de la conducci?n, del tabaco y de otro tipo de drogas. ?Cambiar?an estas conductas una docena de clases impartidas en 2? y 3? de la E.S.O. si en todas partes el mensaje fuese diferente?

La pregunta para estas cuestiones es ?c?mo? podemos transmitir los mensajes correctos, y no ?si? deber?amos transmitirlos. Si un programa cuya finalidad es prevenir la violencia de g?nero no tiene ?xito, ser?a un gran error concluir que ?la educaci?n contra la violencia no es eficaz?. Dado que ese programa concreto ha fallado, lo que tendr?amos que pensar, m?s bien, es en la manera de hacerlo mejor, o, al menos, en c?mo podr?amos conseguir que dicho programa tuviese ?xito.

No olvidemos que muchos programas anti-tabaco tienen poco ?xito, y, sin embargo, nadie duda que debemos prevenir el tabaquismo en los j?venes. ?Esperamos, realmente, que la ?promoci?n de la abstinencia? a lo largo de unas pocas clases pueda resultar eficaz en una sociedad en la que muchos medios de comunicaci?n est?n transmitiendo exactamente el mensaje contrario? La cuesti?n es: ?creemos, realmente, que la abstinencia es una buena elecci?n para nuestros j?venes, y queremos, realmente, fomentar la abstinencia?

La educaci?n del car?cter

No soy, necesariamente, un defensor de los programas de ?s?lo abstinencia?. Al menos, no para los adolescentes mayores. Personalmente, creo que la verdad es lo mejor que podemos dar a nuestros j?venes para ayudarles a que elijan mejor y de manera m?s saludable. Pero deber?amos fortalecerlos tambi?n para que puedan hacer las mejores elecciones, y, en lo que se refiere a las conductas, la educaci?n del car?cter es fundamental.

No podemos limitarnos a darles informaci?n y esl?ganes; debemos ayudarles a interiorizar los buenos valores, as? como a desarrollar las aptitudes, o las costumbres, que se corresponden con ?stos. Y ?ste no es el trabajo de un programa concreto.

Siempre es mejor ?evitar riesgos? que ?reducir riesgos?, y los mensajes deber?an adecuarse a los grupos espec?ficos a los que van dirigidos. Existe una evidencia epidemiol?gica firme en favor de la estrategia de prevenci?n ABC ?Abstinencia, Basarse en la fidelidad, y uso del Cond?n?. La abstinencia y la monogamia mutua son mejor para evitar el riesgo, mientras que los condones pueden reducir, aunque nunca eliminar del todo, el riesgo en aquellas personas que eligen no evitar riesgos con ?A? y ?B?.

Un documento de consenso publicado por The Lancet en 20048 hac?a hincapi? en la importancia de priorizar mensajes de llamamiento a posponer la iniciaci?n sexual en los j?venes, o a la vuelta a la abstinencia para los que manten?an relaciones espor?dicas. En el caso de que se optase por mantener relaciones sexuales, el consenso priorizaba el mensaje de la monogamia mutua. Y, para aquellos que eleg?an no aceptar ?A? ni ?B?, el documento se?alaba que se les deb?a informar de que, con la opci?n C, se reduc?a el riesgo de infecci?n, aunque nunca se eliminaba totalmente.

Los firmantes del consenso Lancet consideraban que no era acertado que las pol?ticas de salud p?blica diesen el mismo tipo de prioridad a un mensaje (el uso del cond?n) a adolescentes que no han empezado a ser sexualmente activos y a personas que se dedicaban al comercio del sexo. Se debe transmitir toda la verdad, pero los programas llamados de ?abstinencia plus?, porque a?aden informaci?n sobre el preservativo, tienen que estar ?centrados en la abstinencia?, y no ser solamente programas que ponen la informaci?n sobre el cond?n y la promoci?n de la abstinencia en el mismo nivel. Hay evidencias que muestran que los programas ?centrados en la abstinencia? son ?tiles9.

Por otro lado, si la promoci?n del uso del cond?n (reducci?n de riesgo) no se lleva a cabo de forma cautelosa, en realidad, puede fomentar una falsa sensaci?n de seguridad en los j?venes, as? como, parad?jicamente, conducir a un aumento de las conductas de riesgo y su vulnerabilidad: por ejemplo, iniciaci?n sexual a una edad temprana, mayor n?mero de parejas sexuales. Este fen?meno se conoce como ?compensaci?n de riesgo?10,11. En ning?n pa?s africano se ha conseguido reducir la incidencia del VIH con programas basados exclusivamente en la promoci?n del cond?n, mientras que aquellos pa?ses que han integrado ?A? y ?B? en programas nacionales integrales han logrado reducir la incidencia del VIH12.

?Qu? queremos transmitir?


Nuestro principal problema consiste en decidir qu? queremos transmitir a nuestros j?venes. Es poco probable que un programa ayude a cambiar las conductas de riesgo, a menos que se d? informaci?n verdadera a los j?venes, y a menos tambi?n que se les fortalezca con habilidades necesarias para la vida, como sucede a trav?s de la educaci?n del car?cter. Pero dif?cilmente podremos conseguirlo si la sociedad en general, y, especialmente, las autoridades educativas y sanitarias no realizan un verdadero esfuerzo para transmitir mensajes coherentes a los grupos espec?ficos a los que van dirigidos, ayudando, de ese modo, a que los padres puedan realizar tambi?n su tarea educativa en el hogar.

?Estamos preparados para transmitir lo que es mejor para nuestros hijos, as? como para confiar en su capacidad para tomar la decisi?n correcta? ?O deber?amos decidir por ellos, de manera pesimista y condescendiente, que no pueden conseguir evitar riesgos, y que no tienen otra elecci?n que reducir riesgos?

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Jokin de Irala es profesor titular de Salud P?blica en la Universidad de Navarra y Doctor en Salud P?blica (Universidad de Massachusetts).

NOTAS

(1) Underhill K, Montgomery P, Operando D., Sexual abstinence only programs to prevent HIV infection in high income countries: systematic review, BMJ2007;335:248.

(2) Http://www.bmj.com/cgi/content/abstract/bmj.39245.446586.BEv1.

(3) Http://www.bmj.com/cgi/eletters/335/7613/248).

(4) Hawes S, Sow PS, Kiviat NB, Is there a role for abstinence only programs for HIV prevention in high income countries?, BMJ 2007;335:217-218.

(5) Kajubi P, Kamya MR, Kamya S, Chen S, McFarland W, Hearst N., Increasing condom use without reducing HIV risk: results of a controlled community trial in Uganda, J Acquir Immune Defic Syndr 2005; 40: 77-82.

(6) DiCenso A, Guyatt G, Willan A, GriffithL, Interventions to reduce unintended pregnancies among adolescents: systematic review of randomised controlled trials, BMJ 2002;324:1426-1435.

(7) Collins RL, Elliott MN, Berry SH, Kanouse DE, Kunkel D, Hunter SB, Miu A., Watching sex on television predicts adolescent initiation of sexual behaviour, Pediatrics 2004;114:280.

(8) Haleprin D, Steiner M, Cassel M, Green E, Hearts N, Kirby D, et al., The time has come for common ground on preventing sexual transmission of HIV, Lancet 2004; 364: 1913-1915.

(9) Cabezon C, Vigil P, Rojas I, Leiva ME, Riquelme R, Aranda W, Garcia C., Adolescent pregnancy prevention: An abstinence-centered randomized controlled intervention in a Chilean public high school, J Adolesc Health. 2005;36:64.

(10) De Irala J, Alonso A., Changes in sexual behaviours to prevent HIV. Lancet. 2006;368:1749-50.

(11) Cassell MM, Halperin DT, Shelton JD, Stanton D., Risk compensation: the Achilles? heel of innovations in HIV prevention?, BMJ 2006; 332: 605-7.

(12) Stoneburner RL, Green T, Hearst N, McIlhaney J., Evidence that Demands Action; Comparing Risk Avoidance and Risk Reduction Strategies for HIV Prevention. Patricia Thickstun KH, editor: The Medical Institute, 2004.


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