Jueves, 14 de mayo de 2009

Enfermode sida, Dominique Morin agradece al Papa haber roto el tabú en tornoal mito del preservativo. En una entrevista a la revista francesa Famille chretienne , explica por qué el preservativo responde a una lógica de miedo

¿Le han parecido escandalosas las propuestas recientes de Benedicto XVI sobre el sida?
Loescandaloso son esos coros de vírgenes alarmadas. ¿Qué ha dichoBenedicto XVI? El hombre no se puede resignar a tener comportamientossexuales con riesgo (vagabundeo sexual u homosexual), ni la sociedadfundar una prevención del sida sobre el fracaso. Él ha recordado que elhombre está dotado de razón, de libertad que le hace capaz de pensar ensus actos. La solución para el sida está en los medios de propagación.El único medio de pararlo es evitar los comportamientos de riesgo. Essimple sentido común, ¡pero no es algo que abunde hoy en día! Así quele doy las gracias al Papa por haber roto el tabú. Él no nos estáhablando de una teoría que se acabe de inventar. No ha hecho más querecordar lo que pregona la Iglesia. En el Antiguo Testamento ya estáescrito: «Yo te mostraré el camino de la vida y de la muerte. Elige la vida».Al igual que Dios, la Iglesia cree en nosotros. Ella cree que el hombrees capaz de plantearse distintas opciones. Sus elecciones le hacensalir de una lógica fatalista que hace al hombre esclavo de suspasiones.

¿Se hace un favor a los jóvenes recomendándoles el preservativo?
Desdehace quince años doy testimonio en los colegios. Los jóvenes hoy sólopiensan en una sexualidad impulsiva, instintiva. Ése es su únicohorizonte. Ahora bien, detrás de la pregunta: ¿Dime cómo conseguir unachica fácil? se esconde una aspiración profunda: el deseo de amar.Decir que un joven está obligado a tener relaciones sexuales paradescubrirse y aprender a amar corresponde a la lógica freudiana, que esfalsa.

Existe otra vía distinta a la pornografía, a la masturbación,a las relaciones inestables... No decirles esta verdad equivale amentirles. Los que les dicen que utilicen un preservativo se lavan lasmanos y tranquilizan su conciencia a bajo precio. El joven se encuentraal límite de sus medios, con relaciones sin confianza. El preservativoes un engaño y una estafa.

Usted es portador del VHI. ¿Cómo ha sido su historia?
Enlos años 80, yo vivía en la delincuencia, la droga, el sexo y laviolencia política. En 1986 empezó mi conversión. Yo no podía más contoda esa violencia. Con la práctica religiosa, he descubierto unafelicidad que no conocía. Decidí confesarme, ¡me lancé! Y reencontré lamisericordia de Dios a través de la sonrisa benevolente del sacerdote yde su absolución. Después, en 1993, descubrí que estaba infectado desida en fase 4. ¡Ya estaba "fichado!

Usted habla de política de prevención, como el Papa. ¿Se puede mantener ese discurso frente a un seropositivo?
Porsupuesto, hay excepciones, pero una moral no se determina en función deun fracaso ni de un mal. La Iglesia jamás ha dicho que vayamos ainfectarnos sin preservativos. Algunos impulsos son a veces tanfuertes, particularmente entre los homosexuales, que la persona nosiempre es capaz, a pesar de sus esfuerzos, de resistirse. En ese caso,por supuesto, el sacerdote invita a no propagar más la muerte.*

¿Cómo ha mantenido su apuesta por la castidad?
Yono he tenido relaciones sexuales desde hace 29 años, y es para mí elúnico medio completamente seguro de no transmitir el virus. Yo no soymejor que los otros enfermos. Mi conversión me ha hecho cambiar miperspectiva sobre mí, sobre mi cuerpo y mi relación con los otros. Laoración y los sacramentos me han dado las gracias necesarias paraarrancar mis hábitos y combatir mi debilidad. He aprendido a dominarme.También he descubierto mis relaciones castas con las chicas. Laabstinencia sexual es a veces difícil, pero el placer del que me privono me falta realmente, si miro la vida serena que hoy tengo.

¿Se ha sentido condenado por la Iglesia?
Jamásme he sentido rechazado por la Iglesia; al contrario. Ella me haabierto sus puertas, me ha acogido tal como era. Me he sentido amado.La Iglesia diferencia entre la persona y sus actos. Antes de miconversión, yo me sentía condenado por lo que creía eran las propuestasde la Iglesia, porque yo me creía uno con mis actos. Creía que cuandola Iglesia condenaba tal acto, ella condenaba al hombre. Ahora bien,
como dice Pagnol, lavenganza de Dios es perdonar. Dios sólo sabe amar. Élquiere con un amor predilecto a los enfermos de sida.

Muchos acusan a la Iglesia hoy...
LaIglesia fue la primera en ocuparse de los enfermos de sida. En los años80, en los Estados Unidos, el cardenal O’Connor abrió un servicioespecial para acogerlos, aunque se ignoraban entonces los riesgos decontagio. La Madre Teresa creó el primer centro dedicado a los enfermosde sida: El regalo de amor, en Nueva York. Existen muchos más hoy endía por todo el mundo.

La Iglesia ve la bondad del hombre. ElPapa cumple con su papel de padre, de pedagogo, cuando recuerda que elhombre está destinado a amar en la verdad, y no en la mentira, en elmiedo y el riesgo de morir. Nos muestra un camino exigente, sinpretender complacernos ni seducirnos. El sida se propaga por lapromiscuidad. El único medio de contenerlo es volver a la raíz delamor. Todos aspiramos al amor verdadero, fundado en la confianza. Elverdadero infierno no radica en ser castigado por las consecuencias denuestro pecado, sino en tener miedo al amor.

Stéphanie Combe
Traducción: Rocío Allende
Revisado por Galsuinda

*Sin embargo en ese caso el problema añadido es que el peligro decontagio es muy grande. Son dos problemas, el desorden sexual y elelevado peligro de contagio, éste último se escapa a cualquier benevolencia eclesiástica : la naturaleza no perdona nunca. (nota de Galsuinda)


Leído en Alfa y Omega



No al sida

Tags: Dominique Morin, preservativo, Benedicto XVI

Publicado por C.I.A.S @ 18:47  | Iglesia y SIDA
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