Domingo, 05 de marzo de 2006

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La MEDIA de EDAD en el INICIO al CONSUMO de PASTILLAS es a los 15 A?OS.

Seg?n un estudio del Plan Nacional sobre Drogas (PND), la media de edad en el inicio del consumo de pastillas es de 15,6 a?os. Y m?s del 3% de los adolescentes ha tomado alguna en el ?ltimo mes. LOS LOCALES para menores no son tan ?lights?. Una reportera de CRONICA, con aspecto de jovencita, compr? en varios de ellos pastillas y observ? c?mo el consumo de todo tipo de drogas es habitual entre las seis de la tarde y las diez de la noche ante la indiferencia de los due?os del negocio. Los padres ignoran que sus hijos se divierten como adultos

Por Isabel Garc?a
En la fotograf?a un joven muestra el surtido de pastillas que tiene para consumir, o vender, en una sola tarde dentro de los ba?os de una discoteca ?light? de Madrid.
Cu?l prefieres? Mitsubishi, Smile, Piol?n, la del Coraz?n...?.El que formula la pregunta gasta pantal?n vaquero, camiseta azul bien ajustada, kilos de gomina en el pelo y no m?s de 15 a?os.Vacilo un instante, enarco las cejas y le suelto: ?No s?, la Mitsubishi est? bien?. ?Vale, genial?, resume r?pidamente sin dejar de dar saltos hist?ricos y con una p?sima dicci?n. Su mano comienza a revolver en el bolsillo. A continuaci?n, me muestra una bolsa transparente con unas diminutas pastillas. Podr?an pasar perfectamente por aspirinas, pero se trata de ?xtasis.

La conversaci?n con el joven camello se desarrolla en mitad de la pista de baile de una discoteca madrile?a. La escena no sorprender?a si fuese a las cuatro de la ma?ana y el camello tuviera 30 a?os.Pero son las seis de la tarde y tiene 15. Nos rodean decenas de adolescentes que, al ritmo de una machacona y elevad?sima m?sica tecno, no paran de dar botes. Estamos en una de tantas sesiones light de cualquier discoteca espa?ola para chavales de entre 14 y 17 a?os. Se trata de pases de tarde -de 17.30 a 22.00 horas- en las que la venta de alcohol y tabaco supuestamente est? prohibida.

COLADERO

Otra cosa son las primaveras reales de los clientes. La t?ctica de ?yo, que tengo 11, paso con el carn? de una amiga, que ya tiene 14? es muy socorrida entre los habituales. Una alicantina de 13 a?os lo corrobora: ?Me pidieron el carn? y les cont? que no lo llevaba. El portero dijo: ?Pues va a pasar por tener esas berzas??. En mi caso, bast? con mi aspecto ani?ado e ir acompa?ada de dos chicas de 16 a?os.
Continuamos con la historia del chaval de azul. El acercamiento se hab?a iniciado unos instantes antes. Mirada extraviada, ojos saltones y enrojecidos y baile fren?tico son las se?as que le identifican como posible propietario de ?xtasis. Tambi?n una intensa transpiraci?n, comprensible teniendo en cuenta que no ha parado de bailar y que en la disco apenas hay espacio para moverse. Sus ?nicas pausas han sido para acercarse al ba?o en busca de algo de agua que le alivie la sensaci?n de deshidrataci?n y los golpes de calor propios del consumo de pastis. Le pregunto: ??Sabes qui?n pasa por aqu???. Me responde sonriendo: ?Yo mismo?.

Despu?s, el precio: cinco euros la pastilla. Si compras varias, te hacen ofertas. Ejemplo: cinco piolines o fantasmitas por 20 euros. Baratas en comparaci?n con el precio de la entrada: ocho euros sin flyer (?pase? en el argot juvenil) por dos refrescos, y seis con ?l.

Ning?n empleado de Seguridad hace acto de presencia. ?Muchos pasan de meterse en l?os porque si se ponen a echar, largan a m?s de la mitad?, comenta una incondicional de la fiesta. [Jur?dicamente, los responsables de las discotecas son responsables de la seguridad de los menores en su interior, incluida la sanitaria. Los expertos consultados por CRONICA reconocen que no hay ning?n control sobre lo que pasa dentro de estos locales].

Nadie nos mira extra?ados. En realidad, creo que muchos ni siquiera son capaces de vernos. Ninguno se escandaliza. Hay demasiada gente. Adem?s, es un ritual al que el resto de juerguistas est? acostumbrado. Guardo la rula en el bolso. Es una Mitsubishi ocho y medio, ?muy buena, ?eh??, me avisa el cr?o, que sigue bailando.Lo confirma una de mis acompa?antes: ?S?, es muy buena, una de las mejores?.
Tambi?n me da la lista de las que est?n m?s en boga: Fido Dido, Snoopy, Love, el fantasmita, el conejito de Play Boy, el Picapiedra, las Roll-Royce... El apodo var?a en funci?n del logotipo. Los dibujos animados y las marcas de coches son las que m?s les atraen.?Va por modas. A los chicos les da m?s por los coches, pero las de los mu?ecos son muy chulas. Lo que est? claro es que el que quiere com?rselas no hace ascos. Muchas veces ni las ve del pedo que lleva...?, cuenta un adolescente de 16 a?os. [Seg?n la UNAD -el mayor colectivo que trabaja atendiendo toxicom?nos- el n?mero de menores consumidores de esta droga se duplica cada a?o].

Mi mirada se dirige ahora hacia sus dos amigas. Es inevitable.Las chicas representan una minor?a en la pista, pero su sugerente y escasa vestimenta hace que se les preste atenci?n. Minifalda blanca, diminuto top y visible sujetador con estampado de leopardo es el modelo que luce una. Los calentadores en las piernas no pueden faltar. La otra: pantal?n vaquero ajustado y top rojo.Imposible adivinar la cantidad de maquillaje que llevan. Vamos, ninguna diferencia con las go-g?s que se contonean medio desnudas en las tarimas.

RAPADOS

Junto a la pareja bota un grupo de chavales, igual o m?s exaltados que mi camello. A uno de ellos se acerca un joven de unos 18 a?os con la cabeza rapada y cazadora negra. Me fijo porque llevarla debe resultar insoportable dada la elevada temperatura. Pero no es el ?nico con este atuendo.

El saludado es moreno, unos 15 a?os, camiseta negra y un peinado que recuerda al ?ltimo de Fernando Torres, el jugador del Atleti.El resto de sus colegas tambi?n le imitan. El otro, el de la cazadora, alardea de ser ultra del Madrid. Muestra lleno de orgullo la bufanda de su equipo. Despu?s, se la coloca de forma que s?lo se le ven los ojos. Asusta, sobre todo, cuando ?l y toda la pista botan fren?ticamente mientras levantan el brazo derecho al ritmo de las canciones. ?Recuerdan, por ejemplo, un desfile hitleriano?...

Nuestro protagonista le dice al doble de Torres: ?Hola, camarada, porque t? eres camarada, ?no??. ?S?, claro? es la respuesta de su interlocutor. El rapado se agacha, rebusca en su calcet?n y saca el trofeo. Sin grandes disimulos, se lo pasa. ?Gracias, t?o?, le espeta el camarada de forma escueta.

Alba, una chica de 17 a?os de Alcorc?n (Madrid), me habla de los traficantes: ?Hay chicos que consumen pastillas y tambi?n compran para sacarse pelas aparte de la paga. A sus padres les dicen que se la gastan en el burger. He visto a ni?atos de hasta 13 a?os haci?ndolo. Luego est?n los mayores, que a lo mejor no consumen, pero se dedican a ir a las discos vendiendo?. [Seg?n un estudio del Plan Nacional sobre Drogas (PND), la media de edad en el inicio del consumo de pastillas es de 15,6 a?os. Y m?s del 3% de los adolescentes ha tomado alguna en el ?ltimo mes].

?TENGO COCA?

Algunas de estas sesiones est?n vetadas a camellos a los que han pillado in fraganti. En otras, ha sido la propia polic?a la que les ha sorprendido, provocando su cierre provisional.Pasado el tiempo, reaparecen. Tambi?n son los empleados los que hacen la vista gorda. ?He visto c?mo los propios disc jockey iban al ba?o entre canci?n y canci?n para meterse una raya. A m? me han dicho: ?oye, vente, que tengo coca??, asegura una rubia de 15 a?os e insinuante tanga rojo en el aseo.

En el ba?o de otro local, tres menores de edad comentan su coloc?n.?T?a, ?qu? pedo llevo! Mucho mejor que el de Nochevieja; nada que ver; ?como me vea mi madre...!?, balbucea una tambale?ndose.Una segunda, que no para de re?rse, le ofrece una especie de porro cuyo contenido desconoce. Mientras, intenta retocarse los labios. ?No es un canuto porque no huele tan fuerte; nos lo han pasado unos amigos, pero yo creo que le han echado pastillas o coca porque sabe raro?, explica la tercera tras dar la ?ltima calada. [Seg?n el PND, el 4,7% de los j?venes reconoce que prob? la coca?na antes de los 14 a?os]. Sara, habitual de la fiesta, cuenta que en una vio c?mo varias ni?as beb?an agua de la taza del water porque no sal?a del grifo. ?Era incre?ble; estaban pasad?simas y se empujaban unas a otras para beber del water, lleno de mierda. ?asqueroso!?, relata.

Salgo del aseo y en la barandilla lateral observo a un par de sospechosos. Traducci?n: con pinta de malotes o flipaos, como dir?a cualquier quincea?ero. Le pregunto a uno si vende y me contesta: ?Lo siento?. Sigo bailando. Al momento, me dan un toque en la espalda. ?Oye, yo no, pero mi amigo s? pasa?. Me dirijo a ?l. ?Se me han acabado?. La jornada le ha ido muy bien.

Y la primera pregunta es: ?se consume tanto ?xtasis en estas sesiones? ?S?, much?simo, porque es muy f?cil. Basta ir preguntando,.A m? me han llegado a regalar pastillas para que me aficione?, relata una discotequera. La segunda cuesti?n: ?y alcohol? La opci?n para los que quieren consumirlo es introducir una petaca o una botellita con alcohol en el bolso, en el abrigo o calcet?n.No les registran. Yo misma col? una peque?a botella con ron en una de estas sesiones. Tambi?n fui testigo de c?mo un portero sacaba a una cr?a de unos 14 a?os por portar una botellita de whisky. Mientras, a escasos metros, otro ni?o era sacado de la sala para que vomitara. Existen m?s argucias: hacer botell?n antes de entrar. ?C?mo consiguen la bebida si son menores? ?La compra un amigo y si no en los chinos, que no te piden carn?, dice Pablo, 15 a?os.
Un ?ltimo interrogante: ?Saben lo que se meten? ??Qu? va! Adem?s, cuanto m?s peque?os, m?s locuras hacen como mezclar alcohol y pastillas o tomarse 10 de golpe. He visto hacerlo a amigos, que luego no me reconoc?an porque ni sab?an d?nde estaban. Tambi?n son m?s inocentes y les timan con el precio o lo que compran?, asegura Alba, desde la pista de baile. [Seg?n la UNAD, la media de consumo de pastillas en una noche entre los menores de edad es de 4,5.].

ZOMBIES
Son las 22.00 horas. Las luces se encienden. Es el anuncio del final de la sesi?n. El p?blico va saliendo a la calle. Una pareja de padres aguarda a su reto?o. Otras lo hacen en el coche. Una ni?a llora desesperada porque le han robado el bolso. Alejados, dos cr?os se gritan. ?Se habr?n tomado mil pastillas. Algunos no pueden ni hablar porque se les tuerce la boca y la mayor?a se pone agresivo y busca bulla?, explica una de mis contactos.

Hay quien se encamina hacia el autob?s. Otros buscan, agobiados, un taxi. Dudo de que muchos den con el camino correcto. Es tarde, y pap? y mam? esperan viendo la tele. Tambi?n dudo de que sepan lo que su ni?o ha hecho esta tarde. ?Alguna forma de disimular? ?Pocas, meterte en la cama nada m?s llegar. Tambi?n depende de lo que tomes. Una o dos rulas no se nota, pero con siete o 10 no hay forma de disimular?, a?ade. [La tercera parte de los consumidores de pastillas reconoce tener problemas para dormir].
La resaca contin?a por la ma?ana. ?Vegetal? es el calificativo con el que la experta describe el estado del d?a siguiente. ?Y el partido de f?tbol con los amiguetes del domingo? ?Y la comida en casa de los abuelos? ?Y estudiar para el examen del martes? ?Da gracias de que puedas levantarte de la cama y comer algo?, concluye. Y, mientras, los pap?s pensando qu? tendr?a aquella dichosa hamburguesa para que su reto?o tenga esa cara...
Con informaci?n de J. Carlos de la Cal


TRES PASTILLAS Y UN INTENTO DE SUICIDIO
Ana, 13 a?os, estuvo a punto de tirarse por la ventana un domingo por la ma?ana. Su hermana mayor la encontr? subida en la barandilla hablando sola. Ten?a el ce?o fruncido, los ojos abiertos como platos, el pelo revuelto. La cogi? por el pie momentos antes de dar el salto definitivo. La grit?, la abraz? y sinti? que no era ella. ?Dec?a cosas inconexas, que la vida no ten?a sentido, que este mundo es una mierda y que nada val?a la pena?, recuerda su hermana en su narraci?n al periodista. Lo primero que se le pas? por la cabeza es que Ana hab?a tenido un desenga?o amoroso.Luego pens? en unas malas notas. Por fin cay? en la cuenta: ??Qu? te has metido??, le pregunt? de sopet?n. ?Ayer, en la disco -una light, en el barrio madrile?o de Chamart?n- me tom? tres pastis.Un chaval moreno, muy guapo, me las ofreci?. Me dio un morreo en medio de la pista y me meti? una en la boca con su lengua.Al cabo de un rato hizo lo mismo. A la tercera no me pude negar.?Me gust? tanto...!? Su padre la estaba esperando a la puerta, a las 22.30 de la noche, como tantos otros s?bados. No not? nada especial. Ana se mont? en el coche. Respondi? con un seco ?bien? cuando pap? le pregunto ?qu? tal?. No habl? m?s en los 10 minutos que dur? el viaje a casa. Cuando lleg? se encerr? en su habitaci?n y s?lo cen? un yogourt y un poco de fruta, lo habitual en una adolescente un poco gordita que no quiere engordar. Nadie not? que su mand?bula estaba desencajada y que su mirada era fija como la de un muerto. Sus padres se quedaron bloqueados al enterarse de la noticia. Su peque?a Ana, la reina de la casa, la m?s inocente, drogada, suicida... ??En qu? nos hemos equivocado??, se lamentaban al d?a siguiente ante el terapeuta al que acudieron en busca de ayuda. ?En estos casos el padre tiene que ser algo m?s que el ch?fer de sus hijos?, asegura el psiquiatra y experto en drogas Jos? Cabrera. ?Es importante mantener un di?logo largo -15 minutos- con el hijo para detectar un posible problema. Porque estas pastillas pueden desencadenar patolog?as mentales graves en personas predispuestas.Son bombas para un cerebro joven?.
No al sida


Publicado por C.I.A.S @ 19:53  | Sin drogas
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