Jueves, 09 de marzo de 2006
Los porros destrozan

Los tolerantes del cannabis est?n reconociendo sus errores, y Sanidad har? caso a los expertos que urgen a transmitir a los adolescentes los nuevos conocimientos cient?ficos sobre los da?os que puede ocasionar la droga.



La investigaci?n m?dica amenaza el estatus de droga blanda del que goza el cannabis y sus derivados, el hach?s y la marihuana. Nuevos estudios est?n destapando su potencial t?xico particularmente entre un grupo de consumidores en ascenso: los adolescentes. La evidencia es cada vez m?s clara respecto a que fumar porros de forma habitual en esta etapa vital incrementa las probabilidades de desarrollar con los a?os un trastorno psic?tico. A corto plazo, las consecuencias no son menos alarmantes. Se asocia a una alta tasa de fracaso escolar debido a problemas de memoria y de concentraci?n y una mayor frecuencia de episodios depresivos y ansiedad. Las demandas de terapia por abuso de cannabis en menores se han disparado. A los centros acuden padres desesperados con un tipo de paciente desconocido hasta hace poco: ni?os de 13 a?os con problemas en el 'cole' y comportamientos agresivos.

Los expertos son claros. Si se quiere evitar en el futuro una epidemia de trastornos psiqui?tricos hay que retrasar la actual edad de inicio en el consumo del cannabis, que se sit?a sobre los 14 a?os. Y las medidas deben adoptarse antes de que sea demasiado tarde. Si es que no lo es ya. La delegada nacional del Plan Nacional de Drogas, Carmen Moya, reconoce la ?preocupaci?n? de este departamento por el creciente consumo de la sustancia entre los adolescentes y j?venes espa?oles. La inquietud ha llegado al Ministerio de Sanidad que esta semana presentar? un informe sobre las consecuencias m?dicas del abuso de este estupefaciente. ?Est? mitificado, se ve su aspecto l?dico, pero se omiten los problemas de salud que puede desencadenar para los que se inician a edades tempranas. La investigaci?n nos indica que el pron?stico es sombr?o para los que lo hacen antes de los 15 o 16 a?os?, agrega Moya.

Los escolares patrios figuran entre los europeos que m?s porros fuman. S?lo les adelantan sus colegas de la Rep?blica Checa, Francia y Reino Unido. En los ?ltimos 10 a?os, el consumo de esta sustancia se ha duplicado entre los 14 y 18 a?os. Entre un 36% y un 43% de los estudiantes espa?oles reconoce haber tenido contacto con ella alguna vez y un 25% en el ?ltimo mes, seg?n los datos de dos macrosondeos, la Encuesta sobre Drogas a Poblaci?n Escolar y el ESTUDES, realizados en 2002 y 2004, respectivamente, sobre una muestra de m?s de dos millones de alumnos de Secundaria.

En la mayor?a de los casos se trata de consumos experimentales y espor?dicos y se estima que s?lo el 10% llegar? a ser un consumidor habitual. Pero un 1% de los chavales interrogados en el ESTUDES admit?a que fumaba entre dos y tres porros diarios, una cantidad que los expertos consideran de claro riesgo para un desarrollo cerebral saludable.

CEREBRO VULNERABLE

Fernando Rodr?guez de Fonseca, investigador que coordina la Red de Trastornos Adictivos, es rotundo al respecto: ?No podemos garantizar que el cerebro de un adolescente que consuma cannabis de forma habitual no vaya a ser vulnerable a ciertas patolog?as psiqui?tricas?. En los ?ltimos tres a?os se han ido acumulando evidencias cient?ficas que contradicen la imagen amable de esta droga ilegal, considerada menos t?xica que otros estupefacientes.

?Lo es en un organismo adulto. Y, precisamente porque sus efectos se consideraban poco graves, ha habido poco inter?s en estudiarlos?, precisa el experto en cannabinoides Javier Fern?ndez Ruiz, profesor de Bioqu?mica y Biolog?a Molecular de la Universidad Complutense de Madrid.

Los estudios recientes indican, no obstante, que las consecuencias pueden ser muy distintas para el cerebro de un adolescente, que se encuentra todav?a en pleno desarrollo y maduraci?n. ?Hasta los 22 o 24 a?os no alcanza su m?ximo metab?lico y funcional?, indica Fern?ndez.

La primera 'luz roja' se encendi? a ra?z de un estudio sueco que tras seguir a un grupo de 50.000 j?venes durante 15 a?os comprob? que el riesgo de desarrollar esquizofrenia se multiplicaba por seis entre los que fumaban cannabis de forma regular a los 18 a?os.

Posteriormente, otros trabajos han confirmado la relaci?n entre el uso habitual de la droga y un riesgo de dos a tres veces superior de sufrir esta grave dolencia psiqui?trica, as? como otros trastornos psic?ticos que se manifiestan con delirios, alucinaciones y alteraciones cognitivas y del comportamiento que interfieren con el desarrollo de una actividad normal.

Sin embargo, el peligro no es el mismo para todos. Los efectos neurot?xicos del cannabis son m?s acusados cuanto m?s precoz es el inicio en el consumo y cuanto mayor sea la cantidad que se fuma. ?No hay una edad segura para empezar, aunque es cierto que el riesgo disminuye a medida que se cumplen a?os y es mayor si se fuma antes de los 16?, advierte Marta Torrens, jefe de la Unidad de Toxicoman?as del Instituto de Atenci?n Psiqui?trica, Salud Mental y Toxicoman?as del Hospital del Mar de Barcelona.

EDAD Y CANTIDAD

Torrens ha participado, junto con otros expertos, en el informe del Plan Nacional de Drogas que presentar? la ministra Elena Salgado esta semana y en el que se avisa que el nivel de empleo de la sustancia tambi?n es clave. ?Hay quien llega a los 20 porros al d?a y tambi?n tenemos chavales de 13 a?os que ya fuman uno a diario?, se?ala Jos? Luis Sancho, coordinador del ?rea de Menores del programa terap?utico-educativo de la Asociaci?n Proyecto Hombre en Madrid.

?El consumo semanal ya puede resultar problem?tico?, sentencia la especialista catalana. Y cuanto m?s se prolongue en el tiempo, a?n peor. La mayor?a de los j?venes dejar? de consumir a medida que se acerque a los 30 y empiecen a tener obligaciones laborales y familiares. Pero un 10% continuar? haci?ndolo de forma abusiva y los que empiezan m?s j?venes y consumen diariamente tienen otra vez m?s papeletas para figurar en este grupo.

Los estudios que han seguido la evoluci?n de los j?venes habituales al cannabis han identificado ciertos rasgos que predisponen a sufrir trastornos mentales. Estos son m?s frecuentes en los que han manifestado de antemano s?ntomas psic?ticos, asociados o no a los porros, y en aquellos con antecedentes psiqui?tricos familiares.

Otro dato apoya la teor?a de que existe una susceptibilidad individual que puede verse precipitada por el uso del estupefaciente. Se ha comprobado que los fumadores que portan una variante gen?tica espec?fica del gen COMT, que regula las concentraciones de un neurotransmisor implicado en el desarrollo de la esquizofrenia, tienen un riesgo 10 veces superior de sufrir la dolencia respecto a otros consumidores que no presentan esa alteraci?n.

El hecho de que no todos los fumadores exhiban la misma fragilidad mental explicar?a, por ejemplo, por qu? la incidencia de esquizofrenia no ha crecido en la misma medida que el consumo de cannabis. Ahora bien, los especialistas recomiendan no infravalorar estos datos. Aunque los potenciales afectados sean una minor?a, para Marta Torrens constituye un grave problema de salud p?blica. ?De un riesgo de 0,7 casos de esquizofrenia por cada mil se pasa a 1,4 por mil si se fuma cannabis. Puede parecer poco, pero se trata de un trastorno muy serio. Se impone el principio de prudencia?.

?Por qu? el cannabis resulta m?s da?ino para el cerebro adolescente? ?Las bases para explicar su mecanismo lesivo no est?n del todo claras, aunque la investigaci?n en este campo es cada d?a m?s intensa?, reconoce Javier Fern?ndez Ruiz. Los consumidores buscan los efectos psicoactivos que provoca la sustancia (relajaci?n, desinhibici?n, hilaridad...), que son debidos a la acci?n de su principal componente activo, el tetrahidrocannabinol (THC), sobre unos receptores espec?ficos (receptores cannabinoides) emplazados en la superficie de las neuronas, las c?lulas del cerebro.

El primero de estos receptores (se conocen tres) fue identificado en 1990. Regulan la actividad de diversos neurotransmisores responsables de controlar la comunicaci?n entre las neuronas y diversas funciones neurol?gicas. El cannabis puede interferir sobre este sistema de conexi?n celular al modificar el funcionamiento de ciertos neurotransmisores, como la dopamina y el glutamato, directamente implicados en el desarrollo de la esquizofrenia.

As?, se sabe que el THC puede incrementar la producci?n de dopamina y que la hiperactividad de este neurotransmisor se relaciona con el trastorno psiqui?trico. Por otro lado, se ha sugerido que los niveles de glutamato son m?s bajos en los afectados por la dolencia mental y la droga inhibe la producci?n de esta prote?na. La acci?n del cannabis sobre un tercer neurotransmisor, la serotonina, tambi?n se ha vinculado con un mayor riesgo de trastornos depresivos y de ansiedad.

Al psiquiatra Jos? Carlos P?rez de los Cobos, presidente de la Sociedad Espa?ola de Toxicoman?as, le inquietan otros efectos menos severos pero cada d?a m?s frecuentes entre los consumidores m?s j?venes. ?Detr?s de muchos fracasos escolares est? el cannabis y eso nos deber?a poner en guardia y hacernos reaccionar?, opina. Los propios estudiantes espa?oles reconoc?an en la encuesta de 2002 las consecuencias negativas de los 'canutos': problemas de memoria, tristeza, apat?a o depresi?n, dificultades para estudiar o trabajar, absentismo escolar, trastornos f?sicos y conflictos con sus padres y hermanos.

FRACASO ESCOLAR

El mal rendimiento en el instituto fue precisamente lo que destap? la peligrosa relaci?n de Pablo con los porros, un adolescente catal?n que acaba de cumplir 18 a?os y lleva tres meses en un programa terap?utico en el centro de menores de Proyecto Hombre en Barcelona. Su familia cree que empez? a consumir con 15 o 16 a?os. ?ltimamente fumaba a diario, incluso lo hac?a en casa.

?Le not?bamos cambiado desde hacia tres a?os. No era el ni?o cari?oso de siempre, estaba nervioso, contest?n, desobediente, no respetaba los horarios...?, relata Paqui, de 48 a?os, su madre. La familia lo atribuy? al dif?cil tr?nsito de la adolescencia, un hecho que complica la detecci?n del problema. ?Primero le pillamos fumando tabaco y despu?s su padre le descubri? una 'china' de 'chocolate', pero dijo que era de un amigo. El detonante fue una llamada de sus profesores avisando de que no iba a clase y que cuando lo hac?a estaba 'fumado'. Se nos cay? el mundo encima?, reconoce.

Lo m?s dif?cil fue convencer a Pablo de que lo que hac?a pod?a perjudicarle. ?Ellos lo fuman con toda tranquilidad porque no son conscientes de que suponga un riesgo, les divierte y piensan que no es malo para nada. Poco a poco se ha ido dando cuenta de la realidad?, agrega.

La falta de percepci?n de peligro es una de las razones que esgrimen los expertos para explicar el alto nivel de consumo de la droga entre los m?s j?venes y tambi?n uno de los principales motivos de alarma. Las encuestas escolares revelan que una cuarta parte de los alumnos considera que fumar de forma regular no produce problemas y muchos piensan que el riesgo es similar o inferior al del tabaco. Los expertos urgen para que se transmitan a los adolescentes los nuevos conocimientos cient?ficos sobre el cannabis, pero se preguntan c?mo hacerlo de forma suficientemente persuasiva.



* El cannabis, una droga no tan blanda



Las demandas de terapia tambi?n aumentan



Problemas escolares y de conducta, comportamiento violento (verbal y en ocasiones f?sico), deterioro de la autoestima, patolog?a psiqui?trica, como depresi?n o brotes psic?ticos, trastorno del control de los impulsos... Estos son los s?ntomas m?s comunes con los que llegan a los centros de deshabituaci?n los consumidores de cannabis m?s j?venes. La mayor?a lo hace empujada por su familia, ya que no tiene conciencia de que su h?bito cause problemas. Socialmente se ha menospreciado el riesgo de dependencia del cannabis, pero existe. Como tambi?n existe el s?ndrome de abstinencia, que se manifiesta de forma m?s leve y tolerable que el de otras drogas porque el organismo elimina el THC lentamente. Irritabilidad, ansiedad, disminuci?n del apetito, cansancio, insomnio, dificultad para concentrarse son los signos habituales. La creciente demanda de tratamiento por abuso de esta sustancia da idea de la dureza de la droga 'blanda': se ha triplicado entre 1996 y 2001. En 2002 fue el motivo del 60% de las terapias por drogas notificadas en menores de 18 a?os. Al igual que en otras adicciones, abandonar el consumo no es sencillo. Tras entre seis (como m?nimo) y 18 meses de psicoterapia, un 40% logra mantener la abstinencia pasados dos a?os. El problema es que la red asistencial para atender a los adolescentes dependientes es a?n escasa.





?Por qu? ha crecido tanto el consumo?



Se citan varios motivos. Adem?s, de la escasa percepci?n de sus riesgos para la salud, mencionan la accesibilidad de los adolescentes a la sustancia. M?s del 71% de los chavales piensa que podr?a conseguirla f?cilmente si quisiera. La proximidad de Espa?a a Marruecos, el principal productor de cannabis, favorece igualmente su amplia circulaci?n. Para los j?venes es f?cil disponer de dinero y los porros les resultan muy asequibles, uno cuesta aproximadamente un euro. ?Cambian el bollo de la merienda por el 'canuto'?, dice la madre de un joven consumidor. Fumarse unos 'petas' forma parte de la cultura de ocio y consumismo que impera en la sociedad en general. ?Siempre dan premio, con ellos se lo pasan bomba. ?Qu? les ofrecemos para competir con eso??, se pregunta Jos? Luis Sancho, psic?logo de Proyecto Hombre, asociaci?n que cumple este a?o su vig?simo aniversario. Curiosidad, experimentar nuevas sensaciones y divertirse son las razones que esgrimen los escolares que han decidido probar el hach?s o la 'mar?a'. Forman parte de un estilo de vida en el que prima pasarlo bien. ?Nuestro objetivo es romper esta percepci?n, que reciban la informaci?n precisa y conozcan sus riesgos?, apostilla Carmen Moya.





No al sida


Publicado por C.I.A.S @ 18:35  | Sin drogas
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