Viernes, 20 de octubre de 2006


Abortando a gog? se titul? un art?culo de opini?n del escritor Juan Manuel DE PRADA, en el diario ABC. Con lenguaje llano explica el fracaso de las pol?ticas del Ministerio de Sanidad, que parece no perseguir la sanidad sino la mortandad.

EL n?mero de abortos en Espa?a durante el a?o 2002 alcanz? los 77.125; por supuesto, en tan estremecedora cantidad no se incluyen los miles de abortos clandestinos que se perpetran en condiciones de pavorosa insalubridad, tampoco los que se consuman mediante pr?cticas no quir?rgicas, m?s as?pticas pero igualmente criminales (ingesti?n de pildoritas embrionicidas, etc.). La cifra escueta, que casi se ha duplicado en un plazo de apenas diez a?os, ha sido facilitada por el Ministerio de Sanidad, sin glosas que ayuden a entender la magnitud del horror. Juan Fern?ndez-Cuesta, en la informaci?n que ayer publicaba ABC, tampoco se decid?a a explicar la frialdad de los datos, aunque en alg?n pasaje de su art?culo vinculaba el aumento de los abortos con el fen?meno de la inmigraci?n, resaltando que son las regiones receptoras de mano de obra extranjera las que m?s decididamente se emplean en este holocausto silencioso. Pero, como el propio Fern?ndez-Cuesta conclu?a, resulta un tanto inveros?mil (am?n de c?nico) atribuir a los inmigrantes el aumento de nuestra raqu?tica tasa de natalidad, a la vez que les endosamos la responsabilidad de esta mortandad vergonzante. Quiz? dicha asociaci?n resultara plausible si los inmigrantes hubieran duplicado la poblaci?n espa?ola en los ?ltimos a?os, como se ha duplicado la cifra de abortos; pero la desproporci?n entre ambas variables nos obliga a buscar otras razones m?s profundas.

No nos enga?emos. Si en Espa?a se aborta cada vez con mayor desparpajo y alegr?a es porque se est? imponiendo una aceptaci?n casi un?nime -subrepticia si se quiere, pero de una amoralidad rampante- de lo que, si mis estudios jur?dicos no me enga?an, sigue siendo un crimen tipificado y sancionado por nuestro C?digo Penal. Esta anuencia sorda, esta complicidad t?cita con el delito, delata la propagaci?n de una enfermedad social de muy dif?cil remedio, sobre todo si consideramos que son las mujeres m?s j?venes las que m?s resueltamente abortan. Aqu? nos topamos con una paradoja que debiera preocupar a nuestras autoridades educativas, pues estas mujeres j?venes son las destinatarias de esas campa?as del p?ntelo-p?nselo y dem?s variantes del sexo profil?ctico con las que se pretend?a disminuir el n?mero de embarazos indeseados. A la postre, se ha demostrado que dichas campa?as s?lo han servido para que la calamidad que se aspiraba a combatir se haya extendido con mayor br?o y m?s sombr?os efectos. Pues dichas campa?as, lejos de encauzar el instinto sexual de nuestros j?venes hacia territorios de asumida responsabilidad, lo acicatean insensatamente, al reducirlo a un puro ejercicio l?dico, trivial, casi autista, despojado de hondas implicaciones, en el que no tiene cabida el conflicto de conciencia. Si aceptamos que follar es una pr?ctica hedonista, liberada de trabas afectivas o implicaciones ?ticas, s?lo sometida al empleo de determinados admin?culos que la autoridad suministra risue?amente, no debe sorprendernos que, cuando los admin?culos faltan o fallan, los damnificados se nieguen tambi?n risue?amente a asumir las consecuencias de su desliz; a fin de cuentas, no hacen sino prolongar la aplicaci?n de las ense?anzas que recibieron. As?, abortar -como follar- se convierte en una pr?ctica banal, rutinaria, extirpada de imperativos morales.

Por supuesto, emitir una verdad tan emp?rica e incontrovertible nos convierte en apestados (quien lo prob? lo sabe), pues la perversi?n social imperante exige que transijamos con el aborto, como si de un remedio ben?fico se tratase, o siquiera como un mal menor que evita desgracias m?s desgarradoras. Pero uno sabe que la verdad, tan molesta e intransigente, le hace libre; tambi?n lo condena a la soledad y el ostracismo, pero uno siempre ha cultivado cierta vocaci?n erem?tica.


No al sida


Publicado por C.I.A.S @ 11:45  | Sin sida
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